La noche del secuestro
Haroldo Conti fue secuestrado en la madrugada del 5 de mayo de 1976 por una brigada del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército Argentino. Desde entonces continúa desaparecido
(testimonio de Marta Scavac)
Apenas entramos, unos diez hombres estrafalariamente vestidos con vinchas, gorras y ropas raras, se nos vino encima. Inmediatamente me ataron las manos detrás de la espalda y me cubrieron, con ropa, la cara y la cabeza. Escucho que hacen lo mismo con Haroldo; aunque él se resiste, no es fácil reducirlo, es muy fuerte, pero le dicen que se quede quieto por el pibe, se referían al bebito. Escucho luego un ruido de cadenas. Pasados los primeros momentos de sorpresa yo también intento resistirme, pero las dos personas que me sujetaban me arrojaron al piso y comenzaron a patearme y a gritarme que me quede quieta. No sabía de qué se trataba. Pensé que era un asalto porque escuché cómo revisaban toda la casa y rompían objetos, quizá buscando dinero. Les dije que no teníamos dinero, que no era una casa de ricos, pero seguían buscando y rompiendo. El otro muchacho gritaba, les decía "dejen a la señora, cobardes, ella no tiene nada que ver, no le peguen, déjenla" y le respondían con fuertes golpes. También pedía agua, aterrada alcancé a pedirles que le diesen agua, que no le pegasen. Él reclamaba por la Convención de Ginebra. Ahí mi desconcierto era total. No entendía qué decía al mencionar la Convención de Ginebra. No entendía nada de toda esa pesadilla espantosa. Distinguía dos voces entre todas, las del que al parecer dirigía todo, el "malo" del grupo, y otra suave, la del "bueno" que me sacó del comedor y me llevó al escritorio. Se notaba que era una persona con cierto nivel cultural y en todo momento tuvo un trato muy especial conmigo. Lo escuchaba romper papeles. afiches que teníamos en las paredes, me decia: "señora, ¿cómo una mujer de su clase se metió en esto?". Le pedí que me explicara quiénes eran, qué querían. Me respondió que estábamos en guerra: "o nosotros los matamos o ustedes nos matan a nosotros". Le respondí que nosotros no matábamos a nadie, que yo no conocía ninguna guerra en nuestro país. Escucho que sigue rompiendo papeles. Le suplico que no rompa el cuento que Haroldo estaba escribiendo. Después comprobé que dejó la máquina de escribir de Haroldo, junto al borrador del cuento, intacto. Quedó sólo eso sin romper como un símbolo en medio de la casa revuelta, como sacudida por un terremoto. Me preguntó de dónde veníamos. Le respondí que del cine y que en el abrigo estaba el programa. Comenzó a molestarse cuanto me preguntó por qué había viajado a Cuba con Haroldo. Le dije el motivo, que Haroldo había sido jurado de novela de Casa de las Américas. Me reprochó por qué no viajaba a Estados Unidos y le respondí que sí había viajado a ese país, y que podía comprobarlo en el pasaporte. Censuró además mi colaboración con Haroldo en la novela "Mascaró" y le pregunté qué tenía en contra de la novela. Me respondió que era una novela subversiva e insistió en por qué había colaborado en eso. Le expliqué que trabajaba junto a mi marido ayudándolo en su tarea de escritor. Simultáneamente escuchaba cómo el "malo" le hacía preguntas a Haroldo. No podía distinguir bien las preguntas y respuestas, aunque se filtró la voz del "malo" diciendo: "Don Haroldo ¿por qué se metió en esto? Lo va a pagar caro". Me aterroricé al escuchar esto y le pregunté al "bueno" qué estaba pasando, qué pasaba con mi marido, por qué le decían eso. No me responadió. Seguía revisando papeles. Yo escuchaba el ruido de los libros contra el suelo. Interrumpió el "malo" para preguntarme sobre un escrito taquigráfico que había en mi cartera. Yo, por los nervios, no podía recordar de qué se trataba. Como soy taquígrafa, así se lo expliqué, muchas de las notas que hacíamos con Haroldo para la revista las escribía yo. Uno de ellos dice que les estoy tomando el pelo. que voy a hablar cuando me lleven. Era desesperante, mi impotencia era total, no sé si me creyeron, pero yo les decía la verdad. Me preguntaban sobre la vida del muchacho que estaba en la casa. Yo no sabía nada de él, solamente que vivía en Córdoba y que estaba de paso por la Capital, que nos había pedido estar unos días en casa mientras buscaba buenos precios porque trabajaba de decorador y hacía los arreglos de escenografía en teatros de Córdoba. Les expliqué que eran frecuentes las visitas y que yo no tenía tiempo, por el trabajo de la casa y los chicos, de conocer la vida de cada uno. Me decían que era un guerrillero, yo les preguntaba de dónde, yo no conocía su vida íntima y seguían insistiendo en que era un subversivo. que por qué estaba en mi casa. Otra vez trataba de explicarles como podía la presencia de esta persona en casa. que era muy correcto, muy bueno. Comienza a llorar el nene. Les pido que me dejen ir con mi hijo que lloraba de hambre. Haroldo escucha y grita: "dejen que la madre esté con el nene dejen a mi mujer dejen que le dé la mamadera". El "bueno" me pregunta cómo se prepara y cuando termino de darle las indicaciones, dice que me quede tranquila que él va a atender a Ernestito. Uno de los sujetos encuentra unas fotos que Federico Vogelius nos había sacado. a mí y al nene, dos meses atrás en Claromecó. Me dice qué lindo pibe tenía, qué linda que estaba yo en esa foto, qué bien que habíamos salido madre e hijo. Vuelve a preguntarme que cómo era que me había metido en esto. Vuelvo a decirle que yo no estaba metida en nada que nuestra vida era pública, normal que todo era perfectamente legal, que no teníamos que ocultar nada. Se aleja y me doy cuenta de que estoy sola en el escritorio. Seguía escuchando cómo rompían los jarrones de adorno y me doy cuenta que sacan cosas de la casa, que se llevan los muebles. Ahí me confundo de nuevo pensando que podía tratarse de ladrones comunes. Vuelve el bueno y me pregunta qué temperatura debe tener la leche para el nene. yo le explico y le vuelvo a pedir que me deje atender a mi hijo Me dice nuevamente que eso no podía ser, que me quedara tranquila, que él se había hecho cargo. Me quedé con la sensación de que él era padre o estaba por serlo. Estaba desconcertada. Seguían llevándose cosas y no entendía cómo podían actuar tan tranquilamente, siendo que la comisaría 29a. estaba a menos de dos cuadras y el patrullaje por esta zona era frecuente. Lo que para nada era común era una mudanza a estas horas de a noche. Confiaba en que alguien se diera cuenta de la situación y que interviniera. pero no pasó nada. Ya no escucho llorar al bebé. El "bueno" viene a decirme que me quede tranquila que Ernestito había comido. Le pregunto por mi hija, no entendía cómo tanto ruido no la había despertado. Me dice que está bien, que no me preocupe. Vuelve el "malo" y me informa: "nos llevamos a su marido porque tenemos unas cuantas preguntas que hacerle. Yo le respondo que había escuchado toda la noche cómo lo interrogaban y que si querían continuar con las preguntas que lo hicieran en casa. El "malo" pierde el control otra vez y me insulta, me grita, me amenaza. Interviene el "bueno" pidiendo que me deje tranquila. Escucho que hablan entre ellos. No entiendo lo que dicen. Se filtran unas palabras: "no, no tenemos lugar, el coche está completo". Yo seguía a los pies de ellos. tirada. atada y encapuchada. De pronto se acerca nuevamente el "malo" y me dice: "bueno, hemos decidido llevarnos a Haroldo y vos te quedás piola, no intentés escapar porque dejamos un coche en la puerta y en cuanto asomés la cabeza te limpiamos". Les pido nuevamente que no se lo lleven. Fueron inútiles mis ruegos. Cuando comprendí que no podía convencerlos de que lo dejaran, les pedí que se llevasen los remedios que Haroldo tomaba desde que un patrullero lo había atropellado en diciembre del '73. Me preguntan dónde están esos remedios y les digo que en la mesita de luz. No me responden. En un momento de desesperación les grité que quería despedirme de mi marido. Interviene el "bueno" y me dice: "yo la voy a llevar señora" . Sigo sus pasos porque, lógicamente, no veía nada. En el trayecto uno de ellos le dice al que me llevaba: "¿vas a bailar el vals con la señora que está tan elegante?". Yo imagino que estaría muy elegante después de haber estado en manos de ellos. Seguimos caminando hasta que, en un momento, el que me llevaba se detiene y me doy cuenta que estamos en la entrada del dormitorio. Comienzo a llamar a Haroldo. Le pido que se acerque. que no lo puedo ver y escucho su voz que me responde y siento su cuerpo próximo al mío. Me desespero tratando de verlo. de tocarlo pero sigo con las manos atadas y la cabeza encapuchada. Haroldo me responde: "estoy bien querida, no te preocupes por mí, cuidate vos y el nene, yo estoy bien. Siento que Haroldo se acerca y me besa la barbilla, que era la única parte de la cara que tenía descubierta. Ahí me doy cuenta que Haroldo no estaba encapuchado, ya que me besó directamente la parte descubierta. Comienzo a gritar que no me lo lleven, quiero tender mis manos hacia Haroldo pero no puedo desatarme. Siento que bruscamente nos apartan. Todo sucede rápidamente. Me tiran sobre la cama. Uno de ellos cubre mi cuerpo con el suyo y me pone un revólver en la nuca. Siento los gritos del muchacho cuando se lo llevan, siento un ruido de cadenas nuevamente y motores de automóviles que se encienden. El tipo que me estaba custodiando gritaba sin parar "no te muevas, no te muevas, no te muevas". Pero no podía moverme. Apenas podía respirar con mi cara apretada contra el colchón. Escucho que se abre la puerta de calle y una voz llama al sujeto que estaba conmigo. Este sale corriendo y ahora escucho un portazo y que cierran la puerta con llave. Luego un silencio de muerte me rodea. Me doy cuenta que se han ido todos. Trato, con gran esfuerzo. de incorporarme de la cama y llego al cuarto de mis hijos. No sé cómo logro desatarme y quitarme la ropa que cubría mi cabeza; son dos camisas, una de Haroldo y otra de Miriam. Veo al bebito durmiendo en la cuna, me acerco a la cama de Miriam y comienzo a llamarla a los gritos, desesperada. Ella no me responde. mis fuerzas físicas no dan más, las piernas se me doblan y la cabeza me da vueltas. Sigo llamando a la nena, enloquecida empiezo a sacudirla y siento un olor muy fuerte. Me doy cuenta que estaba dormida con cloroformo. Ernestito comienza a llorar, seguramente asustado por mis gritos, y Miriam abre los ojos enormes, sus pupilas están dilatadas. Rápidamente le cuento a la nena lo que había pasado, le pido que se levante y me ayude a salir de la casa. Sigue mirándome espantada y comienza a llorar cuando ve la casa toda revuelta. Las dos lloramos juntas, aterrorizadas. Le pongo un abrigo sobre el camisón y envuelvo al nene en una frazada. Comienzo a caminar por la casa hacia la puerta. En el piso hay que sortear objetos rotos, ropa, papeles y libros. Miro hacia el comedor y veo platos, cubiertos y restos de comida. Habían comido las milanesas que tenía preparadas. También tomado café. El aparato de teléfono no estaba, se lo habían llevado. Dejaron un sillón grande de cuero, allí siento a los chicos y me subo al respaldo tratando de alcanzar una ventana. La abro y salto a la vereda. No veo ningún coche vigilando. La nena me pasa al bebito y salta con mi ayuda Comenzamos a caminar. Eran alrededor de las seis de la mañana. Llovía y hacía mucho frõo. Un amanecer gris y destemplado, clásico de un día de mayo. Cuando siento que las piernas no me dan más, veo pasar un taxi desocupado. No podía creer en ese milagro. Lo llamo y el taxista se detiene y baja a ayudarme. Le cuento brevemente lo que me había pasado y le pido que nos lleve hasta la casa de mis padres, pero le aclaro que no tengo un solo peso para pagarle, ya que me habían robado hasta las monedas. El taxista me di jo "señora. yo trabajo de noche y todos los días veo casos como el suyo, yo la llevo donde sea". El hombre tapa la banderita del reloj del taxi, me ayuda a sentarme, acomoda a mis hijos y parte a toda velocidad. No hablamos una palabra en todo el trayecto. Al llegar se baja y vuelve a ayudarme con los chicos. Me pregunta: "¿en qué puedo ayudarla?". No sé quién es este hombre, ignoro su nombre, sólo tengo este medio para agradecerle profundamente su solidaridad. Jamás lo olvidaré.
Testimonio de Marta Scavac, esposa de Haroldo Conti. Aparecido en la revista Crisis, Nº 41, abril de 1986.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Haroldo Conti 18 de enero de 2006- Pagina12

Por Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero
El escritor Haroldo Conti nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1925. En 1940 ingresó en el Seminario Metropolitano Conciliar, de Villa Devoto, estudios que abandonó siete años más tarde, para ingresar en la Facultad de Filosofía y Letras donde se recibió en 1954. Realizó cursos de piloto civil y vuelos, y en 1952 obtuvo dos becas del Cine Club Gente de Cine trabajando como asistente de dirección. Fue maestro rural, director teatral, empresario de transportes, profesor de Filosofía y de Latín. En 1962, publicó su primera novela, Sudeste, por la que obtuvo el primer premio del concurso organizado por Fabril Editora. A esta novela, le siguieron Todos los veranos (1964), Alrededor de la jaula (1966), Con otra gente (1967) y En vida (1971). En 1971 realizó su primer viaje a Cuba como jurado de Casa de las Américas, viaje que produjo un viraje en su literatura: Conti señaló que Cuba constituyó “su primer contacto a flor de piel con América. Y eso me bastó para hacer una cosa distinta, una novela jubilosa, Mascaró, abierta, donde por primera vez los personajes no mueren. Decidí hacer una literatura con un sentido más americano, cosa que, en ese momento, estaba muy lejos de mí”. En 1972 escribió el guión de cine de La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro, dirigida por Nicolás Sarquis y finalizada en 1977.Esta entrevista, publicada bajo el título “Un simple trabajador”, fue realizada el 15 de junio de 1975 con motivo de la aparición de su libro de cuentos La balada del álamo carolina. En ella, se perfila una imagen alternativa del escritor profesional, pues Conti se caracterizó por su ubicación externa a los círculos literarios y por una poética basada en la experiencia personal de los hechos narrados. Su literatura está ligada a una experiencia de vida que se supone transmutable a la escritura, en un intento imaginario de borrar las diferencias entre el arte y la vida.Meses después de esta entrevista, publicó la novela Mascaró, el cazador americano, por la que obtuvo el premio Casa de las Américas. Al año siguiente, el 5 de mayo de 1976, fue secuestrado por la dictadura militar de su departamento de la calle Fitz Roy. Hasta el día de hoy, su nombre permanece en la lista de desaparecidos.
martes, 4 de mayo de 2010
Editorial Domindo 2-5-2010

Por José I. Graells
Los días pasan y el ambiente se recalienta a cada instante. La cercanía del 2011 hace que cada uno de los sectores políticos y sociales en pugna continúen con el tejido de acercamientos y alianzas.
Si bien se pretende hacer creer que existen dos grupos, el “A” que representa a la oposición unida y el B el oficialismo, la cuestión no parece tan sencilla. El grupo A que refleja la oposición no es tan uniforme ni compacto como se pretende, en muchos casos las diferencias son evidentes en otros se disimulan perfectamente.
En los últimos tiempos parece difícil tratar de encontrar alguna diferencia entre los discursos de Proyecto Sur y el macrismo por ejemplo. Tanto se parecen que hasta coinciden en el juego preferido: el ESPIONAJE.
Por detrás del grupo A, ¿Por detrás? Por delante claramente y asumiendo sin tapujos ese lugar se encuentra la cabeza, EL MONOPOLIO, especie de cerebro atrofiado que intenta encauzar a una oposición que ante cada paso comete un error.
No es fácil la tarea que lleva adelante teniendo en cuenta los alumnos que tiene, pero…son millones las razones que tiene para dar la batalla.
La ultima estrategia mediática, decimos última en sentido de reciente, por que esto solo puede llegar al final cuando cumplan su objetivo: ELIMINAR AL KIRCHNERISMO consiste en sacar a sus plumas a la calle y mostrarse como victimas del autoritarismo K. Así asistimos a interminables editoriales y notas en donde se reflejaba el “miedo y la preocupación”. Desde Morales Sola hasta Granata sin escala. Sin escala es también con la liviandad que algunos comunicadores utilizan los significados de las palabras. DICTADURA, MUERTE, FASCISMO, son solo algunos ejemplos con los que se trasmite su “temor”. Ahora… ¿no es mucho cinismo? ¿Nada de vergüenza les provoca?
Se hace imprescindible decir que en esta dictadura K, como ellos la llaman, no existe un solo periodista censurado, y las pruebas están a la vista: cada uno dice lo que le venga en gana y no pasa nada. O acaso no fue este el gobierno que derogó a fines del año pasado el delito de calumnias e injurias.
El periodismo no puede ni debe quedar exento de las críticas y cuestionamientos de la sociedad. Nosotros, los periodistas somos quienes elegimos poner a disposición del resto nuestras opiniones y puntos de vista y es por ello que debemos aceptar cuando no son del gusto de los otros. El juzgamiento público de esta semana no es más que la comunión de un grupo de personas que no piensan ni avalan las opiniones de ciertos periodistas.
El pueblo, la ciudadanía juzga constantemente. Lo hace con la clase política y ahora decidió hacerlo con periodistas. No esta mal, es parte de la democracia, solo que algunos no están acostumbrados.
Reprimir este tipo de actos seria si coartar la libertad de expresión.
Si bien se pretende hacer creer que existen dos grupos, el “A” que representa a la oposición unida y el B el oficialismo, la cuestión no parece tan sencilla. El grupo A que refleja la oposición no es tan uniforme ni compacto como se pretende, en muchos casos las diferencias son evidentes en otros se disimulan perfectamente.
En los últimos tiempos parece difícil tratar de encontrar alguna diferencia entre los discursos de Proyecto Sur y el macrismo por ejemplo. Tanto se parecen que hasta coinciden en el juego preferido: el ESPIONAJE.
Por detrás del grupo A, ¿Por detrás? Por delante claramente y asumiendo sin tapujos ese lugar se encuentra la cabeza, EL MONOPOLIO, especie de cerebro atrofiado que intenta encauzar a una oposición que ante cada paso comete un error.
No es fácil la tarea que lleva adelante teniendo en cuenta los alumnos que tiene, pero…son millones las razones que tiene para dar la batalla.
La ultima estrategia mediática, decimos última en sentido de reciente, por que esto solo puede llegar al final cuando cumplan su objetivo: ELIMINAR AL KIRCHNERISMO consiste en sacar a sus plumas a la calle y mostrarse como victimas del autoritarismo K. Así asistimos a interminables editoriales y notas en donde se reflejaba el “miedo y la preocupación”. Desde Morales Sola hasta Granata sin escala. Sin escala es también con la liviandad que algunos comunicadores utilizan los significados de las palabras. DICTADURA, MUERTE, FASCISMO, son solo algunos ejemplos con los que se trasmite su “temor”. Ahora… ¿no es mucho cinismo? ¿Nada de vergüenza les provoca?
Se hace imprescindible decir que en esta dictadura K, como ellos la llaman, no existe un solo periodista censurado, y las pruebas están a la vista: cada uno dice lo que le venga en gana y no pasa nada. O acaso no fue este el gobierno que derogó a fines del año pasado el delito de calumnias e injurias.
El periodismo no puede ni debe quedar exento de las críticas y cuestionamientos de la sociedad. Nosotros, los periodistas somos quienes elegimos poner a disposición del resto nuestras opiniones y puntos de vista y es por ello que debemos aceptar cuando no son del gusto de los otros. El juzgamiento público de esta semana no es más que la comunión de un grupo de personas que no piensan ni avalan las opiniones de ciertos periodistas.
El pueblo, la ciudadanía juzga constantemente. Lo hace con la clase política y ahora decidió hacerlo con periodistas. No esta mal, es parte de la democracia, solo que algunos no están acostumbrados.
Reprimir este tipo de actos seria si coartar la libertad de expresión.
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libertad de expresión
Editorial Domingo 2-5-2010

José I. Graells
Los días pasan y el ambiente se recalienta a cada instante. La cercanía del 2011 hace que cada uno de los sectores políticos y sociales en pugna continúen con el tejido de acercamientos y alianzas.
Si bien se pretende hacer creer que existen dos grupos, el “A” que representa a la oposición unida y el B el oficialismo, la cuestión no parece tan sencilla. El grupo A que refleja la oposición no es tan uniforme ni compacto como se pretende, en muchos casos las diferencias son evidentes en otros se disimulan perfectamente.
En los últimos tiempos parece difícil tratar de encontrar alguna diferencia entre los discursos de Proyecto Sur y el macrismo por ejemplo. Tanto se parecen que hasta coinciden en el juego preferido: el ESPIONAJE.
Por detrás del grupo A, ¿Por detrás? Por delante claramente y asumiendo sin tapujos ese lugar se encuentra la cabeza, EL MONOPOLIO, especie de cerebro atrofiado que intenta encauzar a una oposición que ante cada paso comete un error.
No es fácil la tarea que lleva adelante teniendo en cuenta los alumnos que tiene, pero…son millones las razones que tiene para dar la batalla.
La ultima estrategia mediática, decimos última en sentido de reciente, por que esto solo puede llegar al final cuando cumplan su objetivo: ELIMINAR AL KIRCHNERISMO consiste en sacar a sus plumas a la calle y mostrarse como victimas del autoritarismo K. Así asistimos a interminables editoriales y notas en donde se reflejaba el “miedo y la preocupación”. Desde Morales Sola hasta Granata sin escala. Sin escala es también con la liviandad que algunos comunicadores utilizan los significados de las palabras. DICTADURA, MUERTE, FASCISMO, son solo algunos ejemplos con los que se trasmite su “temor”. Ahora… ¿no es mucho cinismo? ¿Nada de vergüenza les provoca?
Se hace imprescindible decir que en esta dictadura K, como ellos la llaman, no existe un solo periodista censurado, y las pruebas están a la vista: cada uno dice lo que le venga en gana y no pasa nada. O acaso no fue este el gobierno que derogó a fines del año pasado el delito de calumnias e injurias.
El periodismo no puede ni debe quedar exento de las criticas y cuestionamientos de la sociedad. Nosotros, los periodistas somos quienes elegimos poner a disposición del resto nuestras opiniones y puntos de vista y es por ello que debemos aceptar cuando no son del gusto de los otros. El juzgamiento público de esta semana no es más que la comunión de un grupo de personas que no piensan ni avalan las opiniones de ciertos periodistas.
El pueblo, la ciudadanía juzga constantemente. Lo hace con la clase política y ahora decidió hacerlo con periodistas. No esta mal, es parte de la democracia, solo que algunos no están acostumbrados.
Reprimir este tipo de actos seria sí coartar la libertad de expresión.
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libertad de expresión
Un poco más de respeto. Pag12- 3-5-2010
Por Eduardo Aliverti
Sí, habría que tener un poco más de respeto por las palabras. Por algunas de ellas, mejor dicho. Y mejor todavía, por lo que connotan.
Estamos en democracia, para empezar por una perogrullada que, sin embargo, alguna gente parece perder de vista con extrema facilidad. Buena, mala, perfeccionada, empeorada, carente de demasiados derechos básicos, avanzando en otros. Pero estamos en democracia. Si en lugar de eso se prefiere hablar de “el régimen”, “sistema burgués”, “fantochada institucionalista”, “partidocracia”, “monarquía constitucional” u otros términos de vitupero, es legítimo pero hay que buscarle la vuelta a que se los puede vociferar sin problemas. Nadie va preso (apenas la segunda recordación primaria, ya apuntada por algunos colegas, y uno comienza a cansarse). También es atendible que esa prerrogativa, la libre expresión, no alcanza para vivir como se debería. Lo semantizó Anatole France: “Todos los pobres tienen derecho a morirse de hambre bajo los puentes de París”. Expresarse en libertad puede entonces no tener resultados prácticos, para quienes no comen ni se curan ni se educan con el decir lo que se quiera. Si además se afina la puntería para meterse con la libertad de prensa, por aquello de que todo ciudadano tiene derecho a publicar sus ideas sin censura previa, resulta que hay que contar con la prensa propia. Y en consecuencia pasamos a hablar de la propiedad de los medios de producción. Lo cual es igualmente legítimo, desde ya, pero con el riesgo de que se convierta en teoricismo si acaso no es cotejable con la época y circunstancias que se viven. Veámoslo a través del absurdo: si siempre es igual, democracia y dictadura también son iguales. En este punto el cansancio por las obviedades se incrementa. Y uno se pregunta si no se lo preguntan quienes sí viven de poder expresarse libremente por la prensa, pero para referirse al momento argentino como si continuáramos en plena dictadura.
Mataron a mucha gente acá. Picanearon, violaron, nos mandaron a una guerra inconcebible, robaron bebés, desaparecieron a miles, tiraron cadáveres al mar y adormecidos también, electrificaron embarazadas, regaron el país de campos de concentración, torturaron padres delante de los hijos. Se chuparon a más de cien periodistas acá. Si hasta parece una boludez recordar que estaban prohibidos Serrat y la negra Sosa, que las tres Fuerzas se repartieron las radios y los canales, que inhibieron textos sobre la cuba electrolítica, que en el ‘78 estaba vedado por memorándum criticar el estilo de juego de la Selección Argentina de fútbol. ¿Nos pasó todo eso y por unos afiches de mierda y una escenografía de juicio vienen a decirnos que esto es una dictadura? ¿Pero qué carajo les pasa? ¿Dónde están viviendo? ¿Cómo puede faltársele así el respeto a la tragedia más grande de la Argentina? Acá lo cepillaron a Rodolfo Walsh, ¿y hay el tupé de ir a llorar miedo al Congreso? Faltaría ir al Arzobispado. Si bendijo a los milicos, seguro que también puede dar una mano ahora que se viene el fin del mundo con el matrimonio gay.
Uno entiende que pasaron algunas cosas, nada más que algunas por más significativas que fueren, capaces de suscitar que sea muy complejo trabajar de periodista en los medios del poder. Lo de las jubilaciones estatizadas, lo de la mano en el bolsillo del “campo”, lo de la ley de medios audiovisuales y la afectación del negociado del fútbol de Primera. Ahora bien, ¿la contradicción aumentada entre cómo se piensa y dónde se trabaja justifica las sobreactuaciones? Es decir: puede pensarse que en verdad algunos dicen lo que pensaron toda la vida, y que otros quedaron presos de la dinámica furiosa de la patronal. Pero, ¿decir que estamos o vamos hacia una dictadura? ¿Que si esto sigue así puede haber un muerto? ¿Hace falta construir ese delirio para congraciarse? En todo el país, si es cuestión de propiedad mediática y de programas y prensa influyentes, bastan y casi sobran los dedos de ambas manos para contar los espacios que –con mayor o menor pensamiento crítico– apoyan al Gobierno. La mayoría aplastante de lo que se ve, lee y escucha es un coro de puteadas contra el oficialismo como nunca jamás se vio. La oposición es publicada y emitida en cadena, a toda hora. ¿Qué clase de dictadura es ésa? Ese libre albedrío, muy lejos de ser mérito adjudicable al kirchnerismo, ocurrió igualmente con Alfonsín, la rata, De la Rúa, Duhalde. Lo que no había sucedido es esta cuasi unanimidad confrontadora salvo por los últimos tiempos del líder radical, a quien por derecha se le cuestionaban sus vacilaciones y por izquierda también. Contra Menem recién cargaron en su segundo lustro, después de que completó el trabajo. La Alianza se caía por su propio peso. Con el Padrino pegar era gratis, porque el país ya había estallado. Pero en el actual, que después de todo es simplemente un gobierno más decidido que el resto en cierta intervención del Estado contra el mercado y en el perjuicio a símbolos muy preciados de la clase dominante, ¿qué tan de jodido pasa como para hablar de una dictadura? ¿Será que basta con tocar unos intereses para edificar en el llano la idea de que pueden empezar a matar? ¿Los Kirchner son Videla, Massera, Suárez Mason? Por favor, tienen que aclararlo porque de lo contrario hay uno de dos problemas. O se lo creen en serio y, por tanto, se toma nota de que desvarían. O saben que es una falsedad sobre la que se montan para condolerse y entonces se anota que está bien. Que no se justifica pero se entiende. Que quedaron tras las rejas de los medios en que laboran. Ojalá sea lo segundo, por aquello de que un tonto es más peligroso que un mal bicho.
Se cometieron varias estupideces en forma reciente. Se le dio mucho pasto a la manada, se perpetraron injusticias con colegas que no se lo merecen, se agredió a los que precisamente buscan victimizarse. Eso no es hacer política. Es jugar a la política. La diferencia entre una cosa y la otra es que cuando se ejecuta lo primero es bien medida la correlación de fuerzas. A quiénes se beneficia, cuánto se puede tensar la cuerda en la dialéctica entre condiciones objetivas y subjetivas; cómo no sufrir un boomerang, en definitiva, y si se produce cuánto de fuerte son las espaldas para sortearlo. En cambio, si se juega a la política todo eso es lo que importa un pito antes que nada, con el agravante de que las consecuencias las paga un arco mucho más amplio que el de quienes formularon la chiquilinada.
De ahí a que se tomen de esos yerros para hablar de peligro de muertos, de sensación de asfixia dictatorial, de avanzada totalitaria, media una distancia cuya enormidad causa vergüenza ajena de apenas pensarla. No es algo que no pudiera preverse. Como lo dijo allá por los ’80 César Jaroslavsky, otro sabio sólo que de comité pero muy ducho en transas y arremetidas: te atacan como partido político, y se defienden con la libertad de prensa.
Se sabe que es así. Pero igual uno ya está harto de los hartos que se hartaron ahora.
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Sí, habría que tener un poco más de respeto por las palabras. Por algunas de ellas, mejor dicho. Y mejor todavía, por lo que connotan.
Estamos en democracia, para empezar por una perogrullada que, sin embargo, alguna gente parece perder de vista con extrema facilidad. Buena, mala, perfeccionada, empeorada, carente de demasiados derechos básicos, avanzando en otros. Pero estamos en democracia. Si en lugar de eso se prefiere hablar de “el régimen”, “sistema burgués”, “fantochada institucionalista”, “partidocracia”, “monarquía constitucional” u otros términos de vitupero, es legítimo pero hay que buscarle la vuelta a que se los puede vociferar sin problemas. Nadie va preso (apenas la segunda recordación primaria, ya apuntada por algunos colegas, y uno comienza a cansarse). También es atendible que esa prerrogativa, la libre expresión, no alcanza para vivir como se debería. Lo semantizó Anatole France: “Todos los pobres tienen derecho a morirse de hambre bajo los puentes de París”. Expresarse en libertad puede entonces no tener resultados prácticos, para quienes no comen ni se curan ni se educan con el decir lo que se quiera. Si además se afina la puntería para meterse con la libertad de prensa, por aquello de que todo ciudadano tiene derecho a publicar sus ideas sin censura previa, resulta que hay que contar con la prensa propia. Y en consecuencia pasamos a hablar de la propiedad de los medios de producción. Lo cual es igualmente legítimo, desde ya, pero con el riesgo de que se convierta en teoricismo si acaso no es cotejable con la época y circunstancias que se viven. Veámoslo a través del absurdo: si siempre es igual, democracia y dictadura también son iguales. En este punto el cansancio por las obviedades se incrementa. Y uno se pregunta si no se lo preguntan quienes sí viven de poder expresarse libremente por la prensa, pero para referirse al momento argentino como si continuáramos en plena dictadura.
Mataron a mucha gente acá. Picanearon, violaron, nos mandaron a una guerra inconcebible, robaron bebés, desaparecieron a miles, tiraron cadáveres al mar y adormecidos también, electrificaron embarazadas, regaron el país de campos de concentración, torturaron padres delante de los hijos. Se chuparon a más de cien periodistas acá. Si hasta parece una boludez recordar que estaban prohibidos Serrat y la negra Sosa, que las tres Fuerzas se repartieron las radios y los canales, que inhibieron textos sobre la cuba electrolítica, que en el ‘78 estaba vedado por memorándum criticar el estilo de juego de la Selección Argentina de fútbol. ¿Nos pasó todo eso y por unos afiches de mierda y una escenografía de juicio vienen a decirnos que esto es una dictadura? ¿Pero qué carajo les pasa? ¿Dónde están viviendo? ¿Cómo puede faltársele así el respeto a la tragedia más grande de la Argentina? Acá lo cepillaron a Rodolfo Walsh, ¿y hay el tupé de ir a llorar miedo al Congreso? Faltaría ir al Arzobispado. Si bendijo a los milicos, seguro que también puede dar una mano ahora que se viene el fin del mundo con el matrimonio gay.
Uno entiende que pasaron algunas cosas, nada más que algunas por más significativas que fueren, capaces de suscitar que sea muy complejo trabajar de periodista en los medios del poder. Lo de las jubilaciones estatizadas, lo de la mano en el bolsillo del “campo”, lo de la ley de medios audiovisuales y la afectación del negociado del fútbol de Primera. Ahora bien, ¿la contradicción aumentada entre cómo se piensa y dónde se trabaja justifica las sobreactuaciones? Es decir: puede pensarse que en verdad algunos dicen lo que pensaron toda la vida, y que otros quedaron presos de la dinámica furiosa de la patronal. Pero, ¿decir que estamos o vamos hacia una dictadura? ¿Que si esto sigue así puede haber un muerto? ¿Hace falta construir ese delirio para congraciarse? En todo el país, si es cuestión de propiedad mediática y de programas y prensa influyentes, bastan y casi sobran los dedos de ambas manos para contar los espacios que –con mayor o menor pensamiento crítico– apoyan al Gobierno. La mayoría aplastante de lo que se ve, lee y escucha es un coro de puteadas contra el oficialismo como nunca jamás se vio. La oposición es publicada y emitida en cadena, a toda hora. ¿Qué clase de dictadura es ésa? Ese libre albedrío, muy lejos de ser mérito adjudicable al kirchnerismo, ocurrió igualmente con Alfonsín, la rata, De la Rúa, Duhalde. Lo que no había sucedido es esta cuasi unanimidad confrontadora salvo por los últimos tiempos del líder radical, a quien por derecha se le cuestionaban sus vacilaciones y por izquierda también. Contra Menem recién cargaron en su segundo lustro, después de que completó el trabajo. La Alianza se caía por su propio peso. Con el Padrino pegar era gratis, porque el país ya había estallado. Pero en el actual, que después de todo es simplemente un gobierno más decidido que el resto en cierta intervención del Estado contra el mercado y en el perjuicio a símbolos muy preciados de la clase dominante, ¿qué tan de jodido pasa como para hablar de una dictadura? ¿Será que basta con tocar unos intereses para edificar en el llano la idea de que pueden empezar a matar? ¿Los Kirchner son Videla, Massera, Suárez Mason? Por favor, tienen que aclararlo porque de lo contrario hay uno de dos problemas. O se lo creen en serio y, por tanto, se toma nota de que desvarían. O saben que es una falsedad sobre la que se montan para condolerse y entonces se anota que está bien. Que no se justifica pero se entiende. Que quedaron tras las rejas de los medios en que laboran. Ojalá sea lo segundo, por aquello de que un tonto es más peligroso que un mal bicho.
Se cometieron varias estupideces en forma reciente. Se le dio mucho pasto a la manada, se perpetraron injusticias con colegas que no se lo merecen, se agredió a los que precisamente buscan victimizarse. Eso no es hacer política. Es jugar a la política. La diferencia entre una cosa y la otra es que cuando se ejecuta lo primero es bien medida la correlación de fuerzas. A quiénes se beneficia, cuánto se puede tensar la cuerda en la dialéctica entre condiciones objetivas y subjetivas; cómo no sufrir un boomerang, en definitiva, y si se produce cuánto de fuerte son las espaldas para sortearlo. En cambio, si se juega a la política todo eso es lo que importa un pito antes que nada, con el agravante de que las consecuencias las paga un arco mucho más amplio que el de quienes formularon la chiquilinada.
De ahí a que se tomen de esos yerros para hablar de peligro de muertos, de sensación de asfixia dictatorial, de avanzada totalitaria, media una distancia cuya enormidad causa vergüenza ajena de apenas pensarla. No es algo que no pudiera preverse. Como lo dijo allá por los ’80 César Jaroslavsky, otro sabio sólo que de comité pero muy ducho en transas y arremetidas: te atacan como partido político, y se defienden con la libertad de prensa.
Se sabe que es así. Pero igual uno ya está harto de los hartos que se hartaron ahora.
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lunes, 14 de diciembre de 2009
Hoy, Mauricio es Posse Pagina12 13-12-09
Por José Pablo Feinmann
Y de pronto: el tsunami Posse. Pocos hombres elegidos para un puesto han dicho tantas inconveniencias antes de asumir. Esas cosas se dicen después o no se dicen. Los sagaces, los políticos habilidosos, tienen la cautela de no anunciar sus canalladas si están dispuestos a cometerlas. O a no ser excesivamente sinceros si saben que eso que piensan les habrá de caer mal a muchas personas, aunque él las odie. Pero se supone que tendrá que negociar con ellas. Eso es la política. Aunque hay algo ya largamente probado: “los K” –como les dice la “oposición” para simular que se trata de un gobierno familiar, de apenas dos personas autoritarias, una especie de orden feudal en pleno siglo XXI– logran, sin proponérselo, que sus enemigos (no adversarios, éstos son abiertamente enemigos) exhiban abiertamente lo peor de sí. Que les brote la basura por todos sus poros. El odio. Que pierdan la paciencia. Que no sepan moderarse. Posse es la más reciente de estas víctimas. Figura entre las más espectaculares. Otras, al expresarse por medio de “libros”, meten menos ruido, aunque nunca poco. Pensemos brevemente en la cantidad de libros que han salido últimamente para arrojar material defecatorio, excremental, estiercolero, sobre la figura de “los K”. Uno de Aguinis, otro de Majul, enseguida uno de un periodista de Perfil, Edi Zunino, antes uno del infaltable Joaquín Morales Solá, un hombre genuinamente atormentado por la también llamada “pareja presidencial”, y ahora, en el colmo del disparate, uno del prestigioso ensayista a quien se suele llamar “el Negro Oro”. No han incurrido en esta modalidad ni Natalio Botana, ni Santiago Kovadloff, ni Beatriz Sarlo ni Tulio Halperin Donghi ni Carlos Altamirano. Por citar algunos que uno habría leído con cierta atención, abierto a sus argumentos. No, son periodistas con un tufillo aventurero. Gente que no ha demostrado talento ensayístico ni ha atesorado prestigio intelectual a lo largo de los años. ¿Qué son, qué buscan? Ventas rápidas, trepar en las listas de best-sellers. Son libros-cacerola. Hay, todavía, una clase media que se los devora. La cuestión es: ¿hay tanta basura para arrojar sobre “los K”? ¿Consigue esa basura abastecer a cinco libros? No, creo que el libro anti-K se ha transformado en un libro de autoayuda. Permite a la Mesa de Enlace (“¿Qué pasó con la Mesa de Enlace?”, se pregunta Barcelona en su reciente número), a los garcas de todo tipo, a la “oposición” (Cobos, Carrió, Michetti) y a toda la inmensa clase media teflonera tener enhiestas sus esperanzas destituyentes. El Plan de Gobierno de la “oposición” es claro y, sobre todo, nada institucional: “Que no lleguen al 2011”. Eso es todo. Pese a ser, entonces, libros de autoayuda, no venden tanto como los verdaderos: los que “curan” el alma. Vuelvo a recurrir a mis admirados barceloneses: “Después de Ari Paluch y Guillermo Andino, los editores salen a cazar a ‘cualquier boludo famoso que firme un libro de autoayuda’”. De esta forma, muchos periodistas “ya han sido tentados para publicar sus propios libros con historias personales, ejemplos de vida, anécdotas estúpidas con moralejas infantiles ‘y todo eso que a la gente boluda le encanta leer para sentirse menos boluda’” (Barcelona, 4/12/2009). No se requiere ni saber escribir. Las editoriales tienen sus escribientes. Sería atinado pensar que el Negro Oro y Aguinis son a la política eso que Ari Paluch y Guillermo Andino son a la autoayuda: escriben, arman, traman, inventan, dicen algunas verdades (al fin y al cabo, es cierto que hay corrupción en este gobierno, sólo que lo que nos espera con el horrible fascismo que está armándose es mucho, pero mucho peor), mienten con descaro, destilan un odio enfermizo, escupen, gritan, sudan y entregan “todo eso que a la gente boluda le gusta leer para sentirse menos boluda”. En este caso, menos sola, más esperanzada, creyendo que llegará el día en que los “terroristas que nos gobiernan” serán destituidos.
Pero Posse ha traspuesto los límites. Yo lo conocía al personaje. Sabía que era un escritor mediocre. Que había escrito una mediocre biografía de Eva Perón. Que había tenido un cargo diplomático en Praga y aprovechó la volada para escribir sobre la estadía del Che Guevara en ese lugar. Estuvo un año ahí y nadie sabe qué le pasó. Posse se puso a investigar y no consiguió mucho. Pero igual publicó un libro apologético sobre Guevara. Antes me lo había cruzado en el sepelio de Fernando Ayala, a quien yo tenía estima por ser el socio de Olivera en Aries y haber financiado los films de Aristarain, entre ellos Ultimos días de la víctima. Yo acababa de estrenar Eva Perón. Con dirección de Desanzo y la gran actuación de Esther Goris. Me divertía preguntarle a todo personaje que hubiera escrito algo sobre Evita si no creía que yo lo había plagiado, pues a muchos se les daba por decir esto. Le dije a Posse: “Habrá advertido que tomé algunas cosas de su libro”. Sonrió feliz. Y me respondió: “Sí, pero no importa”. Por dentro, yo me divertía como loco. Nunca fallaba. Hasta a alguien que tenía una tía que había escrito algo llamado Evita íntima le tendí la misma trampa. Y también me perdonó. Gente generosa. Al único que plagié fue al Sartre del Saint Genet, comediante y mártir. Antes lo había hecho Sebreli, por lo cual algunos despistados me acusaron de haberlo plagiado a Sebreli. Luego supe de Posse por una polémica que tuvo con Tomás Eloy Martínez. Tomás lo acusó de haber sido “colaborador de la dictadura militar”. Me llegó un sobre de Posse. Se lo habrá enviado a algunos para que se enteraran de su respuesta en La Nación, en caso de no haberla leído. Era mi caso. Leí su carta, era de enero de 1998, y decía: “(Martínez) me acusó de haber sido ‘colaborador de la dictadura militar’, simplemente porque no renuncié a mi carrera diplomática (...). Entre 1973 y 1979 era secretario y cónsul en la deliciosa Venecia. Me causaría horror haber renunciado y tener que pensar hoy que lo hice por Galimberti y Firmenich” (La Nación, Cartas de Lectores, 23/12/97). No, cavernícola ignorante, usted no tenía que abandonar su maldita “deliciosa Venecia” por Galimberti y Firmenich, sino porque era funcionario de un gobierno de asesinos, porque, al serlo, era cómplice de ellos, tenía tanta sangre en sus manos como los mercenarios que arrasaban familias, robaban niños, violaban mujeres, torturaban a los hijos delante de sus padres, empalaban seres humanos. (Ver: Feinmann, La sangre derramada, 1998, Buenos Aires, Ariel, p. 136.)
Años después (sin saber nada durante largo tiempo del personaje), me encuentro con otro artículo suyo en La Nación. Describe tan precisamente la modalidad de la tortura bajo los militares que lo he citado en el fascículo N° 106 de mi dilatada obra sobre el peronismo: “Adoptaron la doctrina de la ‘tortura técnica’, rigurosamente limitada e informativa, para desarticular la organización de las células de acción. (Se sabe que la pretensión ‘técnica’ termina invariablemente en abuso, sadismo y la degradación, tanto del torturado como del torturador. Basta considerar lo que está pasando en Irak.)”
“Se estableció una represión legítima frente al alzamiento, pero ejecutada por usurpadores y por medios ilegales e inconfesables” (La Nación, 24 de marzo de 2006). El artículo era a propósito de los 30 años del golpe militar del 24 de marzo. Concluía con democráticos llamamientos a la concordia nacional: “Ojalá esta conmemoración sirva para sellar la puerta del infierno, para no volver la cabeza y paralizarnos en el odio renovado”. Posse ha enloquecido. Cree que los “troskoleninistas” del gobierno Cristina Fernández han abierto de par en par las puertas del infierno. Pero aunque así lo crea, debió haberlo dicho de otro modo. No pudo. No pueden. El odio los denuncia. Se desbocan. Les brotan colmillos. A Macri también. ¿O no sabe a quién pone? ¿Tan ingenuo es? No, si Macri pone al Fino Palacios y a Abel Posse es porque los elige. Y si los elige es porque son fascistas. Y si alguien elige fascistas para que lo acompañen es porque con ellos está cómodo. Y si lo está es porque con la democracia se siente mal, se siente atado. Y los que todavía no se dieron cuenta es porque son tan fascistas como él. La cuestión no es Posse: es Macri. Pareciera que se está transformando aceleradamente en alguien más tenebroso que el muchacho alegre de los ’90, que el hijo de papá con futuro, que el dirigente de Boca, que el entusiasta cantante de temas de Freddy Mercury. Cuidado: ése ya no es Macri. Supongo que no se habrá olvidado el eslogan de la campaña electoral de Filmus contra Mauricio: Mauricio es Macri. No, mucho peor. Hoy, Mauricio es Posse.
Y de pronto: el tsunami Posse. Pocos hombres elegidos para un puesto han dicho tantas inconveniencias antes de asumir. Esas cosas se dicen después o no se dicen. Los sagaces, los políticos habilidosos, tienen la cautela de no anunciar sus canalladas si están dispuestos a cometerlas. O a no ser excesivamente sinceros si saben que eso que piensan les habrá de caer mal a muchas personas, aunque él las odie. Pero se supone que tendrá que negociar con ellas. Eso es la política. Aunque hay algo ya largamente probado: “los K” –como les dice la “oposición” para simular que se trata de un gobierno familiar, de apenas dos personas autoritarias, una especie de orden feudal en pleno siglo XXI– logran, sin proponérselo, que sus enemigos (no adversarios, éstos son abiertamente enemigos) exhiban abiertamente lo peor de sí. Que les brote la basura por todos sus poros. El odio. Que pierdan la paciencia. Que no sepan moderarse. Posse es la más reciente de estas víctimas. Figura entre las más espectaculares. Otras, al expresarse por medio de “libros”, meten menos ruido, aunque nunca poco. Pensemos brevemente en la cantidad de libros que han salido últimamente para arrojar material defecatorio, excremental, estiercolero, sobre la figura de “los K”. Uno de Aguinis, otro de Majul, enseguida uno de un periodista de Perfil, Edi Zunino, antes uno del infaltable Joaquín Morales Solá, un hombre genuinamente atormentado por la también llamada “pareja presidencial”, y ahora, en el colmo del disparate, uno del prestigioso ensayista a quien se suele llamar “el Negro Oro”. No han incurrido en esta modalidad ni Natalio Botana, ni Santiago Kovadloff, ni Beatriz Sarlo ni Tulio Halperin Donghi ni Carlos Altamirano. Por citar algunos que uno habría leído con cierta atención, abierto a sus argumentos. No, son periodistas con un tufillo aventurero. Gente que no ha demostrado talento ensayístico ni ha atesorado prestigio intelectual a lo largo de los años. ¿Qué son, qué buscan? Ventas rápidas, trepar en las listas de best-sellers. Son libros-cacerola. Hay, todavía, una clase media que se los devora. La cuestión es: ¿hay tanta basura para arrojar sobre “los K”? ¿Consigue esa basura abastecer a cinco libros? No, creo que el libro anti-K se ha transformado en un libro de autoayuda. Permite a la Mesa de Enlace (“¿Qué pasó con la Mesa de Enlace?”, se pregunta Barcelona en su reciente número), a los garcas de todo tipo, a la “oposición” (Cobos, Carrió, Michetti) y a toda la inmensa clase media teflonera tener enhiestas sus esperanzas destituyentes. El Plan de Gobierno de la “oposición” es claro y, sobre todo, nada institucional: “Que no lleguen al 2011”. Eso es todo. Pese a ser, entonces, libros de autoayuda, no venden tanto como los verdaderos: los que “curan” el alma. Vuelvo a recurrir a mis admirados barceloneses: “Después de Ari Paluch y Guillermo Andino, los editores salen a cazar a ‘cualquier boludo famoso que firme un libro de autoayuda’”. De esta forma, muchos periodistas “ya han sido tentados para publicar sus propios libros con historias personales, ejemplos de vida, anécdotas estúpidas con moralejas infantiles ‘y todo eso que a la gente boluda le encanta leer para sentirse menos boluda’” (Barcelona, 4/12/2009). No se requiere ni saber escribir. Las editoriales tienen sus escribientes. Sería atinado pensar que el Negro Oro y Aguinis son a la política eso que Ari Paluch y Guillermo Andino son a la autoayuda: escriben, arman, traman, inventan, dicen algunas verdades (al fin y al cabo, es cierto que hay corrupción en este gobierno, sólo que lo que nos espera con el horrible fascismo que está armándose es mucho, pero mucho peor), mienten con descaro, destilan un odio enfermizo, escupen, gritan, sudan y entregan “todo eso que a la gente boluda le gusta leer para sentirse menos boluda”. En este caso, menos sola, más esperanzada, creyendo que llegará el día en que los “terroristas que nos gobiernan” serán destituidos.
Pero Posse ha traspuesto los límites. Yo lo conocía al personaje. Sabía que era un escritor mediocre. Que había escrito una mediocre biografía de Eva Perón. Que había tenido un cargo diplomático en Praga y aprovechó la volada para escribir sobre la estadía del Che Guevara en ese lugar. Estuvo un año ahí y nadie sabe qué le pasó. Posse se puso a investigar y no consiguió mucho. Pero igual publicó un libro apologético sobre Guevara. Antes me lo había cruzado en el sepelio de Fernando Ayala, a quien yo tenía estima por ser el socio de Olivera en Aries y haber financiado los films de Aristarain, entre ellos Ultimos días de la víctima. Yo acababa de estrenar Eva Perón. Con dirección de Desanzo y la gran actuación de Esther Goris. Me divertía preguntarle a todo personaje que hubiera escrito algo sobre Evita si no creía que yo lo había plagiado, pues a muchos se les daba por decir esto. Le dije a Posse: “Habrá advertido que tomé algunas cosas de su libro”. Sonrió feliz. Y me respondió: “Sí, pero no importa”. Por dentro, yo me divertía como loco. Nunca fallaba. Hasta a alguien que tenía una tía que había escrito algo llamado Evita íntima le tendí la misma trampa. Y también me perdonó. Gente generosa. Al único que plagié fue al Sartre del Saint Genet, comediante y mártir. Antes lo había hecho Sebreli, por lo cual algunos despistados me acusaron de haberlo plagiado a Sebreli. Luego supe de Posse por una polémica que tuvo con Tomás Eloy Martínez. Tomás lo acusó de haber sido “colaborador de la dictadura militar”. Me llegó un sobre de Posse. Se lo habrá enviado a algunos para que se enteraran de su respuesta en La Nación, en caso de no haberla leído. Era mi caso. Leí su carta, era de enero de 1998, y decía: “(Martínez) me acusó de haber sido ‘colaborador de la dictadura militar’, simplemente porque no renuncié a mi carrera diplomática (...). Entre 1973 y 1979 era secretario y cónsul en la deliciosa Venecia. Me causaría horror haber renunciado y tener que pensar hoy que lo hice por Galimberti y Firmenich” (La Nación, Cartas de Lectores, 23/12/97). No, cavernícola ignorante, usted no tenía que abandonar su maldita “deliciosa Venecia” por Galimberti y Firmenich, sino porque era funcionario de un gobierno de asesinos, porque, al serlo, era cómplice de ellos, tenía tanta sangre en sus manos como los mercenarios que arrasaban familias, robaban niños, violaban mujeres, torturaban a los hijos delante de sus padres, empalaban seres humanos. (Ver: Feinmann, La sangre derramada, 1998, Buenos Aires, Ariel, p. 136.)
Años después (sin saber nada durante largo tiempo del personaje), me encuentro con otro artículo suyo en La Nación. Describe tan precisamente la modalidad de la tortura bajo los militares que lo he citado en el fascículo N° 106 de mi dilatada obra sobre el peronismo: “Adoptaron la doctrina de la ‘tortura técnica’, rigurosamente limitada e informativa, para desarticular la organización de las células de acción. (Se sabe que la pretensión ‘técnica’ termina invariablemente en abuso, sadismo y la degradación, tanto del torturado como del torturador. Basta considerar lo que está pasando en Irak.)”
“Se estableció una represión legítima frente al alzamiento, pero ejecutada por usurpadores y por medios ilegales e inconfesables” (La Nación, 24 de marzo de 2006). El artículo era a propósito de los 30 años del golpe militar del 24 de marzo. Concluía con democráticos llamamientos a la concordia nacional: “Ojalá esta conmemoración sirva para sellar la puerta del infierno, para no volver la cabeza y paralizarnos en el odio renovado”. Posse ha enloquecido. Cree que los “troskoleninistas” del gobierno Cristina Fernández han abierto de par en par las puertas del infierno. Pero aunque así lo crea, debió haberlo dicho de otro modo. No pudo. No pueden. El odio los denuncia. Se desbocan. Les brotan colmillos. A Macri también. ¿O no sabe a quién pone? ¿Tan ingenuo es? No, si Macri pone al Fino Palacios y a Abel Posse es porque los elige. Y si los elige es porque son fascistas. Y si alguien elige fascistas para que lo acompañen es porque con ellos está cómodo. Y si lo está es porque con la democracia se siente mal, se siente atado. Y los que todavía no se dieron cuenta es porque son tan fascistas como él. La cuestión no es Posse: es Macri. Pareciera que se está transformando aceleradamente en alguien más tenebroso que el muchacho alegre de los ’90, que el hijo de papá con futuro, que el dirigente de Boca, que el entusiasta cantante de temas de Freddy Mercury. Cuidado: ése ya no es Macri. Supongo que no se habrá olvidado el eslogan de la campaña electoral de Filmus contra Mauricio: Mauricio es Macri. No, mucho peor. Hoy, Mauricio es Posse.
martes, 8 de diciembre de 2009
Poco Viento Editorial 6-12-09
A dos años de la asunción del gobernador Binner es oportuno hacer un balance de su gestión.
Sin lugar a dudas que los últimos meses no son para nada buenos para el gobierno socialista.
Los vientos de cambios que se anunciaban con la llegada del Gobernador Hermes Binner alivianaron su marcha o simplemente se detuvieron.
Ahora ¿Realmente se detuvieron o es que nunca comenzaron a soplar y detrás del gabinete socialista se encuentra una maquina publicitaria infernal, acompañada por una parte importante de la prensa?
Si hacemos un breve repaso por algunas de las promesas realizadas durante la campaña, nos encontramos con que nada o casi nada cambió en la provincia de Santa Fe.
Sin caer tampoco en la demagogia y pretender que se solucionen todos los problemas en apenas dos años, hay que decir que la provincia continua ostentando altos índices de marginalidad y desigualdad, que el aumento del déficit fiscal se incrementa permanentemente, que la tan mentada renovación de la corte suprema está lejos de producirse, manifestándose la voluntad de cambio solo en expresiones periodísticas.
Entre los aspectos positivos se pueden destacar algunas mejoras en el ámbito de la salud publica y el impulso a la cultura, exceptuando el reciente nombramiento como persona ilustre a la Señora de los almuerzos.
A todos estos conflictos estructurales que arrastra la provincia se le suman el conflicto docente, que si bien no existía como tal tiempo atrás por el hecho de que fuimos una de las provincias en arrancar las actividades en tiempo normal no se pudo terminar de la mejor manera en virtud de no acordar entre las partes.
La frutilla del postre ocurrió durante esta semana a través del desprolijo y frustrado nombramiento del Secretario de Seguridad Giacometti quien había sido anunciado por el ministro de gobierno.
Para estos días se aguarda un recambio en las segundas líneas del gabinete en busca de la oxigenación. A manera de conclusión podemos decir que el tan mentado consenso que se intenta imponer desde algunos sectores mediáticos y la clase política, la cual integra Binner, no se ve plasmado en la practica del gobierno provincia. Muestra de ello es el fracaso de la reforma tributaria en la legislatura provincial, reforma que podría haber sido fruto de un dialogo sincero entre las distintas fuerzas políticas que tienen la tarea de conducir los intereses de los santafesinos.
Sin lugar a dudas que los últimos meses no son para nada buenos para el gobierno socialista.
Los vientos de cambios que se anunciaban con la llegada del Gobernador Hermes Binner alivianaron su marcha o simplemente se detuvieron.
Ahora ¿Realmente se detuvieron o es que nunca comenzaron a soplar y detrás del gabinete socialista se encuentra una maquina publicitaria infernal, acompañada por una parte importante de la prensa?
Si hacemos un breve repaso por algunas de las promesas realizadas durante la campaña, nos encontramos con que nada o casi nada cambió en la provincia de Santa Fe.
Sin caer tampoco en la demagogia y pretender que se solucionen todos los problemas en apenas dos años, hay que decir que la provincia continua ostentando altos índices de marginalidad y desigualdad, que el aumento del déficit fiscal se incrementa permanentemente, que la tan mentada renovación de la corte suprema está lejos de producirse, manifestándose la voluntad de cambio solo en expresiones periodísticas.
Entre los aspectos positivos se pueden destacar algunas mejoras en el ámbito de la salud publica y el impulso a la cultura, exceptuando el reciente nombramiento como persona ilustre a la Señora de los almuerzos.
A todos estos conflictos estructurales que arrastra la provincia se le suman el conflicto docente, que si bien no existía como tal tiempo atrás por el hecho de que fuimos una de las provincias en arrancar las actividades en tiempo normal no se pudo terminar de la mejor manera en virtud de no acordar entre las partes.
La frutilla del postre ocurrió durante esta semana a través del desprolijo y frustrado nombramiento del Secretario de Seguridad Giacometti quien había sido anunciado por el ministro de gobierno.
Para estos días se aguarda un recambio en las segundas líneas del gabinete en busca de la oxigenación. A manera de conclusión podemos decir que el tan mentado consenso que se intenta imponer desde algunos sectores mediáticos y la clase política, la cual integra Binner, no se ve plasmado en la practica del gobierno provincia. Muestra de ello es el fracaso de la reforma tributaria en la legislatura provincial, reforma que podría haber sido fruto de un dialogo sincero entre las distintas fuerzas políticas que tienen la tarea de conducir los intereses de los santafesinos.
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