viernes, 23 de julio de 2010

El antimaradoniano

ESTEREOTIPOS

SUPLEMENTO NI A PALOS


El antimaradoniano


- Comparte muchas ideas del argentino antiargentino.
- Es también antikirchnerista.
- Pudo haber votado a Altamira como puede haber votado a López Murphy, pero nunca votaría a un peronista.
- Salvo al Turco, “que la hizo bien”.
- En las próximas elecciones su voto no sale de entre Carrió, Cobos o Macri.
- Es un perro jugando al fútbol pero su hijo es aún peor que él.
- Le gusta el rugby.
- Mira C5N.
- Usa tiradores o moñito.
- En general no es futbolero.
- En caso de serlo es hincha de River.
- Es capaz de abrir un grupo de Facebook bancando a Toti Pasman.
- Es moralista, suele llamarlo Maradroga, y a la noche se clava un clonazepam “para dormir bien”.
- Está en contra de la legalización “de la falopa”, pero no aborrece de la misma manera a las drogas legales.
- Cree que la visita de Estela de Carlotto a Sudáfrica significa que ahora en Pretoria, además de barras, hay montoneros.
- Está convencido que el gol con la mano a Inglaterra nos “aisló del mundo”.
- Coincide con Sanfilippo en decir que el segundo gol a Inglaterra en realidad fue un gol en contra del último inglés que se tiró al piso.
- Llamó al programa de Pergolini, El Gen Argentino, para votar por Fangio.
- Si gana la selección es por mérito de los jugadores; si pierde, por culpa absoluta de Maradona.
- No se lo dice a nadie, pero desea fervientemente que la selección se quede afuera del mundial en primera ronda.
- La tiene adentro.
- Cree que es una vergüenza que Maradona sea aquello por lo que se conoce a la Argentina.
- La frase “negros de mierda” la tiene a flor de labios, para cualquier situación.
- Dice no ser discriminador y que lo que pasa es que el Diego es un negro “de mente”.
- Afirma que Pelé, Platini, Zidane, El Beto Alonso y El Pirata Czornomaz fueron mejores que Maradona.
- le toma la leche al gato, se le escapa la tortuga, debutó con un pibe y hay se tiene que hacer un mechón.
- Es padre abandónico.
- Dice que los ingleses no se merecían La Mano de Dios.
- El más extremista a las Malvinas, las llama Falklands.
- Si pide un café, le pone sacarina.
- Tiene un tubo de sacarinas en el saco.
- Le jode “que bardee al Papa”.
- Le parece poco serio que se pase un feriado para tener un fin
de semana largo.
- Sale de minivacaciones todos los fines de semana largos.
- no se equivoca nunca porque no se juega nunca, es tibio.
- El antimaradoninano hombre nunca abrazó a un amigo.
- No come mandarinas.
- Es jefe de Gobierno porteño.

Colaboraron: Silvia Lupone, Martín Espinosa, Hugo Carlos Pedamonti, Horacio Rodríguez, Federico Murcia, Jorge Cipollone, Fernando García, Martin Clavell, Lorena García y Marilina Castañeda.

La mina que está esnamorada de Calamaro.

SUPLEMENTO NI A PALOS

ESTEREOTIPOS


La mina que está enamorada de Calamaro


Cree que Calamaro le canta a ella.
Sueña con drogarse mucho en una habitación del piso 25 de un hotel caro.
Suele estar buena.
Usa anteojos negros casi todo el año.
Odia a la que ama a Arjona.
Fuma Marlboro 10.
Usa All-Star y bandoleras de hilo (posiblemente compradas en Bolivia).
Le encanta que la suban a los hombros en los recitales y filmar con el celular.
Tiene de ringtone un tema de Calamaro (generalmente “Flaca”).
Fue a Machu Pichu.
Viajo al D.F. sólo para ir al Estadio Azteca.
Estudió teatro con Victor Laplace y una carrera humanística en la U.B.A.
Perdió la virginidad en un camping después de un fogón.
Se acostó con el cantante de una banda tributo a Calamaro.
Piensa que Bob Dylan es un mediocre imitador de Andrés.
Para referirse a él dice “Andrés”.
Está dispuesta a entregar su cuerpo a Javier Calamaro, aunque más no sea.
La pone muy cachonda escuchar a Calamaro hablando con tonada gallega diciendo, por ejemplo, “grifo” en lugar de “canilla”, o “pitillo” en lugar de “cigarrillo”.
Veranea en Villa Gesell.
Es capaz de escuchar el disco doble El Salmón de corrido (y después salir diciendo que odia Pinamar y le propone al novio irse a vivir a El Bolsón)
Es moderna.
Usa raros peinados nuevos.
Tiene un tatuaje en la cintura a modo de guarda.
Usa jeans con botas puntiagudas.
Va mucho a la peluquería.
Trata de combinar horriblemente su ropa.
Come muchos Sugus (porque le parece cool).
Tiene un tremendo poster de Bob Dylan en su cuarto.
Y ningún disco.
Si fuera hombre tendría un solo destino: ser el Bebe Contepomi.

Colaboró: Leandro Boccaccio

viernes, 16 de julio de 2010

Los que eligieron perder

Por Eduardo de la Serna *

El matrimonio igualitario es ley en Argentina. Obvio que un grupo ganó, y tocará a ellos y ellas festejar y analizar ese triunfo. Y la historia y la vida mostrará cuánto afecta a nuestra sociedad la nueva ley.

Pero como miembro de la Iglesia, y más allá de la opinión que cada uno tenga, creo que la Iglesia Católica romana (y otras comunidades religiosas) han perdido una batalla. Una batalla en la que habían puesto “toda la carne al asador”. ¿Por qué perdió “la Iglesia” esta batalla? (al hablar de “Iglesia” en este párrafo me refiero a la jerarquía episcopal, concretamente).

Brevemente me parece haber visto diferentes actitudes en los obispos: no me parece que fuera la misma (aunque todos compartieran el rechazo a la ley) la opinión de Casaretto que la de Marino, la de Arancedo que la de Aguer. Creo que en el interno de la Iglesia jerárquica, en esto –seguramente movido en muchos casos por el miedo– ganó la línea más dura, la que habló de “guerra”, de “kulturkampf” (lucha de culturas), la que lo planteó como una suerte de cruzada. Y esta posición no supo o no quiso argumentar, lo suyo era el fundamentalismo bíblico, la tradición, la “naturaleza”. Argumentos que pueden servir o debatirse en terrenos teológicos, para un debate teológico (o no, según el caso), pero no era teológica la cuestión que se discutía.

Si la jerarquía pretendía que su posición tuviera un eco, que fuera recibida, ¿por qué no puso a sus mejores “cabezas” a expresar argumentos y razones, en lugar de repartir condenas y amenazas? Creo que gran parte de la “derrota” de la jerarquía estuvo en sus propias filas, en haber elegido la vía de la confrontación y no la del diálogo.

Como curas, un grupo nos manifestamos formulándonos preguntas, en la jerarquía parecían abundar certezas. Creo que muy otra hubiera sido –no sé la votación, pero sí la sensación de “derrota”– si la Iglesia hubiera actuado mostrando otra cara, una cara de respeto, de escucha, de tolerancia. En algunos casos, los discursos de los senadores contra la Iglesia mostraron una polarización curiosa. Permítaseme una analogía: en algunos casos, ante la aparición de películas que algunos dicen que hieren la sensibilidad eclesiástica, muchas veces hay obispos que empiezan verdaderas campañas contra la película que sólo logran que la gente que concurre sea mucho mayor; el caso de la mala película El Código Da Vinci es evidente, una pésima película que seguramente hubiera estado una semana en cartel tuvo gran repercusión por la oposición cerrada de los obispos. ¿No hubiera pasado algo semejante en el tratamiento de la ley de haber habido otra actitud?

En lo personal no escuché argumentos fuera de lo estrictamente “eclesiástico” en contra de la ley, no hubo elementos jurídicos, sociológicos, psicológicos, culturales, antropológicos, etc. Creo que la Iglesia jerárquica sólo gritó más fuerte, ¡y perdió!

Si se hubiera aprendido de la historia, lejana y presente, a lo mejor los obispos hubieran elegido otro camino, y/u otros voceros. Creo que ellos eligieron perder.

* Coordinador del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los Pobres.

El voto a voto del matrimonio igualitario

Los 33 a favor:

- Frente para la Victoria: José Pampuro, Eric Calcagno (Buenos Aires), Elena Corregido (Chaco), Pedro Guastavino, Blanca Osuna (Entre Ríos), Liliana Fellner (Jujuy), Marcelo Fuentes, Nanci Parrilli (Neuquén), Marcelo Guinle (Chubut), Ada Maza, Teresita Quintela (La Rioja), Eduardo Torres (Misiones), Miguel Pichetto (Río Negro), Nicolás Fernández, Jorge Banicevich (Santa Cruz), Beatriz Rojkes (Tucumán), Lucía Corpacci (Catamarca), Ana Corradi (Santiago), Daniel Filmus (Capital), Mario Colazo (Tierra del Fuego).

- Aliados FpV: María Díaz, José Martínez (Tierra del Fuego).

- UCR: Gerardo Morales (Jujuy), Ernesto Sanz (Mendoza), Alfredo Martínez (Santa Cruz), Eugenio Nito Artaza (Corrientes), Oscar Castillo (Catamarca).

- Otros opositores: Samuel Cabanchik, María Eugenia Estenssoro (Capital), Luis Juez, Norma Morandini (Córdoba), Rubén Giustiniani, Roxana Latorre (Santa Fe).

Los 27 en contra:

- Frente para la Victoria: Adriana Bortolozzi, José Mayans (Formosa), Rodolfo Bermejo (Mendoza), César Gioja (San Juan), Guillermo Jenefes (Jujuy), Luis Viana (Misiones), Daniel Pérsico (San Luis) José Mayans (Formosa).

- UCR: José Cano (Tucumán), Blanca Monllau (Catamarca), Roy Nikisch (Chaco), José Roldán (Corrientes), Mario Cimadevilla (Chubut), Ramón Mestre (Córdoba), Arturo Vera (Entre Ríos), Luis Petcoff Naidenoff (Formosa), Juan Carlos Marino (La Pampa), Laura Montero (Mendoza), Pablo Verani (Río Negro).

- Otros opositores: Josefina Meabe (Corrientes), María Higonet, Carlos Verna (La Pampa), Sonia Escudero, Agustín Pérez Alsina (Salta), Roberto Basualdo (San Juan), Liliana Negre de Alonso (San Luis), Horacio Lores (Neuquén), Hilda González de Duhalde (Buenos Aires).

Abstenciones:

María Bongiorno (Río Negro), Fabián Biancalani (Chaco), Graciela Di Perna (Chubut).

Ausentes:

- FpV: Ada Iturrez de Cappellini (Santiago del Estero), Marina Riofrío (San Juan), Elida Vigo (Misiones), Sergio Mansilla (Tucumán).

- Opositores: Carlos Reutemann (Santa Fe), Juan Carlos Romero (Salta), Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), Emilio Rached (Santiago), Carlos Menem (La Rioja).

jueves, 15 de julio de 2010

Carta a los senadores de Salta

Por Pedro Almodóvar *

Queridos amigos: El matrimonio homosexual no le hace mal a nadie, no le roba nada a nadie, sin embargo hace feliz a mucha gente y les proporciona la posibilidad de vivir de un modo honesto, pleno y coherente junto a la persona que aman. Es un derecho esencial en toda sociedad civilizada, de lo contrario se está marginando a muchas personas en virtud de su sexualidad.

Hablar de igualdad en este sentido no es un capricho de degenerados, la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma que todos somos iguales, con independencia de nuestro sexo, religión, condición social, idioma, raza, etc.

No hay que permitir que ideas sectarias, retrógradas, inmovilistas, sexistas e injustas impidan a una sociedad libre progresar.

Es mentira y ridículo clamar que el matrimonio homosexual supone un peligro para la familia. Al contrario, las familias homosexuales aseguran el futuro de la idea de familia y la enriquecen. No se puede imponer la familia biológica como único modelo familiar, o se está yendo contra la realidad. Si algo caracteriza a la familia contemporánea es su enorme variedad. He conocido familias con solo una madre, un solo padre, dos madres, dos padres, familias multiétnicas, familias en las que ningún progenitor es biológico. Familias cuyos miembros pertenecen a distintas lenguas y culturas, familias que en millones de casos no son católicas. Se quiera o no, esas familias existen y adoran a sus hijos, y los cuidan y los educan, tanto como cualquier familia biológica, porque están basadas en el amor y en la solidaridad humanas.

No estoy en condición de pedir nada a los señores del Senado argentino. Para aprobar la ley que permita los matrimonios homosexuales no apelo ni siquiera a su sentido de la justicia, sólo les pido que hagan caso de su sentido común. Es lo único que necesitan para votar afirmativamente.

* Cineasta español.

martes, 13 de julio de 2010

Cristina desde China opinó sobre el matrimonio igualitario

La presidenta CFK aprovechó una pregunta que le hicieron sobre el matrimonio igualitario para fijar su opinión sobre el tema. Aquí reproducimos algunos fragmentos.

Primero hizo una comparación histórica; La Presidenta comparó incluso lo que sucede ahora con los gays con lo que pasaba con los esclavos en la Antigüedad, con los negros en Estados Unidos o con los judíos en la Alemania nazi.

Sobre los dichos de Bergoglio: “¡Escuché hablar de la guerra de Dios! Parece el tiempo de las Cruzadas, me imagino a Rolando yendo a conquistar el Santo Sepulcro. Esto no es bueno porque nos plantea como sociedad un lugar en el que nadie quiere estar”,

Sobre el despacho que votó el senado: “viola la Constitución” porque ignoró la media sanción que había dado la Cámara de Diputados. “Lo que tiene que hacer el Senado es revisar lo que vino en la forma que quiera y que luego vuelva a la cámara de origen”, avisó. Dijo que no había podido con su alma de legisladora y había leído el despacho “inconstitucional” y que “nunca había visto una cosa igual”. “Se plantea la objeción de conciencia, que un funcionario te puede dejar de atender un trámite por esta cuestión. O sea, te dejarían de atender porque sos gay o lesbiana. No quiero vivir en una sociedad en la que un funcionario decide si me atiende o no por mi elección sexual”,

Sobre el matrimonio igualitario: “Es justo reconocerles ese derecho a las minorías y una distorsión terrible de la democracia sería que las mayorías, en ejercicio de esas mayorías, les negaran derecho a las minorías”, acotó. Por eso criticó la idea que surgió en algún momento sobre exigir la convocatoria a un plebiscito para resolver la cuestión.

El poder natural

Por Washington Uranga

Las disputas planteadas en torno de la posibilidad de aprobación legislativa del casamiento para personas del mismo sexo pone al descubierto luchas de poder, resistencias y posiciones que estuvieron veladas en otras discusiones. Podría decirse que en este tema también aparece una realidad de la Argentina actual, permanentemente atravesada por las opciones a todo o nada, con un ribete maniqueísta que en la mayor parte de las ocasiones impide pensar.

Es sumamente paradójica la posición de la mayoría de los obispos católicos, acostumbrados a pronunciar homilías a favor del diálogo, la búsqueda de consensos y la tolerancia. En este caso ninguna de esas palabras alcanzó verdadero significado en las acciones que protagonizan y las que están impulsando, mucho más cercanas a la “guerra”, así sea de Dios, y a las cruzadas contra el mal, entendiendo por este último todo aquello que se oponga a sus certezas.

Es entendible que los obispos argumenten a favor de sus propias convicciones. No es aceptable que pretendan imponer al conjunto de la sociedad normas y criterios que ni siquiera pueden hacer cumplir dentro la propia institución eclesiástica. Salvo, claro está, que estén defendiendo en realidad una cuota de poder –real y simbólico– que ellos creen tener y que todavía les reconocen algunos sectores y actores de la sociedad argentina.

Los argumentos que pueden ser aceptables dentro del marco institucional católico carecen de validez para la sociedad actual. Fueron válidos en otro momento histórico, porque entonces la doctrina y los principios católicos estaban engarzados en mecanismos político culturales que los constituían en verdaderos y aceptables para la sociedad de ese tiempo. Lo “católico” era asumido como consenso social, incluso para los que no profesaban el catolicismo. Ya no sucede. No hay motivo para imponer al conjunto ciudadano valores que no le son propios.

Los obispos creen que si la sociedad se ordena sobre la base de criterios “católicos” ellos conservan poder. Y entre quienes se alinean detrás de las sotanas están los que ven todavía en la jerarquía eclesiástica una fuente de resistencia conservadora que expresa con más poder simbólico sus propias miradas, o bien quienes oportunistamente se suman a todas las campañas que se opongan a los cambios. Si es contra el oficialismo, mejor.

Como bien lo cuestionaba días pasados un lúcido documento de un grupo de curas católicos de varias diócesis que se distinguieron de las opiniones de sus jerarcas, es poco defendible el argumento de lo “natural” para oponerse al casamiento de las personas del mismo sexo. Lo “natural”, precisemos, no tiene que ver precisamente con la naturaleza, sino con la cultura y con el poder. Así hoy puede ser “natural” lo que ayer no lo era y a la inversa. Porque en realidad ese tipo de “naturaleza” que se pretende esgrimir está otra vez íntimamente vinculada con valores culturales, con el poder que en determinado momento tienen quienes lo impulsan y con el ámbito de aplicación. De esta manera puede considerarse “natural” el celibato obligatorio para los ministros dentro de la Iglesia Católica porque existen allí cuadros de valores y dispositivos de poder que así lo justifican. En el mismo sentido podría decirse que es “natural” en ese marco institucional que, a pesar de que se sostiene la igualdad entre el varón y la mujer dentro de la Iglesia Católica, sólo los varones pueden acceder al ministerio consagrado. En otro tiempo se afirmaba que la esclavitud era “natural”. Ya no lo es gracias a Dios y a los hombres que lucharon para abolirla.

A sabiendas algunos obispos están embarcados en esta cruzada porque aspiran a reunir detrás de sí a las miradas más conservadoras de la sociedad. No sólo de los católicos. También las de otros credos, como ha quedado en evidencia. No se trata de una cuestión de fe, sino de una mirada sobre el mundo, sobre la manera de entender la sociedad. Los cristianos evangélicos están hoy atravesados por el mismo debate. Los fundamentalismos afloran en todos lados, se unen, se acompañan y se solidarizan entre sí. El cambio aparece como el enemigo común contra el que hay que luchar.

Entre los costos que los obispos embarcados en esta campaña seguramente deberán pagar está el aumento de su pérdida de credibilidad social. La misma que abonaron con las complicidades, los silencios o la falta de compromiso ante tantas violaciones a los derechos humanos, con las actitudes timoratas o directamente cómplices frente a los delitos de Grassi o de Von Wernich y la multiplicación de los casos de pedofilia dentro de sus filas.

Es cierto también que todo esto sirve además para alentar el anticlericalismo ciego de otros. Una actitud, que aunque se ubique en las antípodas ideológicas, es tan sectaria e incapaz de admitir la diversidad como la que esgrimen los obispos a los que critican.

Vale preguntarse por las enseñanzas. Por lo menos se pueden señalar algunas. La primera: ya no es posible hablar de “la” Iglesia. Como ha quedado demostrado a través de muchas manifestaciones de católicos que no suscriben la opinión de sus obispos, la Iglesia Católica en la Argentina está lejos de ser un todo homogéneo. Y, al mismo tiempo, se puede decir que la fe católica no se corresponde, de manera automática, con la institucionalidad católica. Hay católicos y católicas que insisten en serlo más allá de su propia jerarquía.

Y por encima de todo, lo que queda de manifiesto es que como sociedad democrática todavía nos falta mucho para caminar hasta alcanzar un grado de madurez que nos permita admitir la diversidad, discutir en la diferencia y, como resultado de ello, crecer todos y todas, encontrando alternativas superadoras. Nuestros mal titulados diálogos siguen siendo simulacros porque carecen de verdadera vocación para dejarse enriquecer por las miradas diferentes.